EL TRABAJO CONSTANTE SOBRE UNO MISMO

brillaEl trabajo constante sobre uno mismo, la auto-observación y la disciplina consigue limpiar y purificar plenamente el cuerpo y su estructura energética, elevando el nivel de vibración en la frecuencia del Amor y reforzando la integridad energética de nuestro ser, de tal manera que cada vez somos más fuertes ante los constantes devaneos de la vida.

Esto va unido a un proceso de cambio y crecimiento personal, el abandono de los hábitos de vida insalubre, la sanación de situaciones y relaciones deterioradas que nos hacen sufrir e incluso en algunos casos, cambios de trabajo, de pareja o amistades. Si limpiamos una acumulación de energía negativa, pero no sanamos su causa y su origen, nunca terminará la batalla y acabaremos agotados.

Hasta ahora hemos visto diferentes formas de limpieza energética, que nos sirven tanto para el cuerpo físico como para el aura. Sin embargo, la importancia del aura en nuestro sistema de protección natural hace necesario profundizar un poco en su estudio y ver algunas fórmulas de limpieza más contundentes y eficaces.

Sabemos que el aura actúa a modo de frontera, manteniendo nuestro cuerpo físico anclado en el plano material de tercera dimensión al que pertenecemos, separándonos del bajo astral y del resto de los planos dimensionales. Tras la muerte del cuerpo físico, el aura nos permite hacer el tránsito hacia el plano espiritual, para acabar disolviéndose en el vacío universal mientras nosotros continuamos nuestro eterno caminar.

 Mientras, es como la parte externa de una prenda de abrigo, que nos protege de las inclemencias externas como el frío y el viento, en este caso, energéticas. Al igual que un abrigo, el aura sufre diversas agresiones durante su vida útil y frecuentemente presenta desde diversas lesiones a entidades enganchadas.

Podemos limpiar el aura de muchas maneras, mediante la práctica del Reiki,  cuya práctica metódica y constante, los limpiará y protegerá eficazmente.

Hay una gran cantidad de razones por las cuales un individuo no completa su transición; Una muerte traumática o repentina puede tomar por sorpresa a la entidad, produciendo un trauma en la conciencia del espíritu recién difunto. Dicha muerte puede provocar diversos estados emocionales que pueden ir desde la sorpresa hasta la furia, el miedo, la desesperación, la culpabilidad, el remordimiento, etc.

Puede que la entidad se niegue a aceptar su muerte física o quizás sea inconsciente de que ésta se ha producido. Las emociones, sean estas de carácter positivo o negativo, actúan como un ancla que impide la partida. Por lo tanto, los sentimientos de odio, culpa, remordimiento, furia, e incluso excesivo amor, pueden interferir con la transición.

Falsos sistemas de creencias sobre la vida después de la muerte pueden evitar que el espíritu se dirija hacia la luz; puede que la experiencia de la muerte no coincida con las falsas expectativas o nociones preconcebidas de cómo debería ser.

La muerte por sobredosis de drogas o alcoholismo puede provocar que el espíritu del difunto conserve el apetito o el deseo de consumir tales sustancias; al ser un estado de conciencia-energía, el mundo astral no puede satisfacer tales apetitos, por lo que el espíritu decide holgazanear hasta encontrar un sujeto al que adherirse, por ejemplo, un adicto que le proporcionará satisfacción a través de su aparato sensorio-motor.

De esta forma el espíritu se convierte en un parásito. Lo mismo puede ocurrir con cualquier tipo de apetito u obsesión asociada al mundo material y físico de la tercera densidad, por ejemplo: comida, sexo, otro ser humano, etc.

Si al morir la persona tenía dentro de sí una, o varias entidades parasitarias, la transición puede resultar un proceso difícil. En este caso hay varias posibilidades: El espíritu del recién difunto puede llevar consigo a la entidad parasitaria hacia la luz y de esta forma rescatar al alma perdida.

El espíritu del recién difunto puede separarse de la entidad parasitaria y dirigirse solo hacia la luz. Después de la separación este puede encontrarse nuevamente perdida, por lo que reinicia la búsqueda de otro huésped en quien alojarse. Si posee una fijación con el individuo al que estuvo adherida, puede esperar hasta la próxima encarnación de éste, localizarlo en el momento en que se produzca el nacimiento, y unírsele nuevamente.

Esta intrusión puede ocurrir en repetidas encarnaciones del huésped. Si el espíritu de la persona recién fallecida no puede separarse de la entidad intrusa, quizás por carecer de la energía necesaria, puede también pasar a ser una entidad parasitaria con la otra adherida a él.

De esta forma, ambas entidades pueden unírsele a otra persona, la cual a su vez, al morir, queda atrapada, y así sucesivamente, hasta formar verdaderas cadenas. Estos espíritus encadenados pueden formar verdaderos cúmulos de entidades errantes.

Es necesario comprender que no se trata de una realidad física y que aplicar conceptos que sí lo rigen en un estado material es un error fundamental. Los espíritus son energía y no ocupan lugar. Una persona puede tener docenas, hasta cientos de entidades adheridas.

Hasta pueden reacomodarse en el aura o flotar dentro del aura fuera del cuerpo. Si una parte del cuerpo de una persona es particularmente débil, o ha sufrido un accidente o enfermedad, puede alojar a quien se identifica con dicha debilidad. También pueden situarse en cualquiera de los chakras, atraídos por la peculiar energía de uno de ellos o por las estructuras físicas de esa parte del cuerpo.

Hay diferentes clases. Los hay benignos, malignos y neutrales o pasivos. Las razones que pueden llevar a que una persona actúe como imán de estas entidades son muchas y de muy diversa Índole. Puede tratarse de algo muy simple, como el hecho de estar físicamente próximo al lugar donde se produjo el deceso.

De acuerdo a W. Baldwin, aproximadamente el 50% de los casos investigados clínicamente se debieron a situaciones fortuitas sin que existiera relación alguna entre las entidades parasitas y el huésped ni en ésta ni en ninguna otra encarnación. La otra mitad de los casos pueden deberse a que existe algún tipo de relación o asunto sin terminar en esta u otra vida.

Todas las personas son afectadas por uno o más entidades parasitas en algún momento de sus vidas. 

Una debilidad física, psíquica o emocional es una invitación inconsciente para que una entidad se adhiera al individuo. Emociones demasiados fuertes, sentimientos negativos reprimidos consciente o inconscientemente pueden ser la señal que necesitan para convertirse en inquilinos indeseados.

Algunos de los motivos que atraen son: Todo tipo de cirugías, trasplantes de órganos, transfusiones de sangre, enfermedades, debilidades físicas o psíquicas, depresión, enfermedades mentales, golpes en la cabeza, estrés, etc.

La única protección es el conocimiento de que hay una gran cantidad de evidencia tanto en la historia, como proporcionada por investigadores científicos del campo de la psiquiatría y la psicología, de que la intrusión astral es una realidad. Saber que existe y cómo se produce es ya, de por sí un escudo protector. El conocimiento protege, la ignorancia nos pone en peligro.

Entonces a vibrar muy alto en armonía y con un infinito amor.

¿Qué haces tú?

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Acerca de Patricia Mónica Canseco

Soy facilitadora de mastermind y me encanta poder ayudar a las personas a que saquen todo el potencial que llevan dentro obteniendo un cambio en su vida y logrando cada día ser más felices mejorando su calidad de vida.
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