UNA BUENA ACCIÓN MISERICORDIOSA

descarga (4)Para que una buena acción sea realmente misericordiosa, tiene que proceder de nuestro interior, de un corazón lleno de amor y ganas de ayudar. En este mundo, donde priman la rudeza, el egoísmo y la indiferencia ante los problemas y el dolor del prójimo, ¡qué gusto da ver que se lleva a la práctica la misericordia!

Que podamos transformarnos siendo misericordiosos. Que nuestros ojos sean misericordiosos, para que jamás recelemos o juzguemos según las apariencias, sino que busquemos lo bello en el alma de nuestro prójimo y acudamos a ayudarlo.

Que nuestros oídos sean misericordiosos para que tomemos en cuenta las necesidades de nuestro prójimo y no seamos indiferentes a sus penas y gemidos.

Que nuestra lengua sea misericordiosa para que jamás hablemos negativamente de los demás sino que tengamos una palabra de consuelo y perdón para todos.

Que nuestras manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepamos hacer sólo el bien a los demás y carguemos las tareas aunque sean difíciles y penosas.

Que nuestros pies sean misericordiosos para que siempre nos apresuremos a socorrer a nuestro prójimo, dominando la propia fatiga y el cansancio.

Que nuestro corazón sea misericordioso para que podamos sentir todos los sufrimientos de los demás.

Cuando uno pone el hombro, uno encuentra su lugar en la vida. Cuando le ponemos el hombro a las necesidades del otro, entonces experimentamos, con asombro y agradecimiento, que Otro nos lleva en hombros a nosotros.

El misericordioso busca liberar a los demás de su miseria, ya sea que ésta sea ocasionada por la crueldad, por la desgracia, por la injusticia social, o por su propia debilidad.

Ser misericordioso, con amor personal y gratuito, absolutamente desinteresado, a fondo perdido, sin pasar factura y sin buscar respuesta.

Amar simplemente por amor, no por otros motivos. Es querer a cada persona por ella misma, porque es ella. Sabiendo que el que así ama, será amado de la misma manera, por Dios y por los hombres.

En cambio, devolver bien por mal, amar a los enemigos, responder con mansedumbre a la violencia, orar por los que persiguen y calumnian, parece demasiado, pues excede la lógica racional. Pero, justamente esto es lo que tenemos que tratar de lograr.

Una formula positiva: Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la ley.

Si amamos a los que nos aman, ¿qué mérito es ese? Pues eso lo hace cualquiera. Si hacemos el bien a los que nos hacen a nosotros, ¿qué mérito tenemos? ¡También eso es fácil! Si prestamos a aquellos de quienes esperamos recibir. También cualquiera presta a otro para recibir después. Mejor, amemos a nuestros enemigos; hagamos el bien, y prestemos sin esperar nada a cambio; y nuestra recompensa será grande, porque somos buenos con los ingratos y los perversos.

Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque la misericordia arranca del corazón, en cambio el sacrificio muchas veces puede ser una hipocresía porque es algo externo. Eso le pasa a muchos que dan, pero ellos ofrecen grandes sacrificios porque no tienen la apertura del corazón.

La misericordia sale únicamente del corazón, así como la misericordia sale de la profundidad del corazón de Dios. Mi corazón puede estar distante de eso, y lejos de Dios, y eso puede presentar sacrificios que falsean. Un ayuno, un sacrificio que puede no servir si es hipócrita.

Más allá de nuestras imperfecciones nos ofrece su cercanía, su Palabra, su fuerza, los que creemos en Dios y le da un sentido a nuestra vida. Tu corazón sabe que no es lo mismo la vida sin Él, entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y que te da una esperanza, eso es lo que necesitas comunicar y brindar a los otros.

Nuestra imperfección no debe ser una excusa; al contrario, la misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo. Ofrecer implica no es que lo tenga ya conseguido o que ya sea perfecto, sino que continúo mi carrera y me lanzo a lo que está por delante.

La misericordia va más allá y hace la vida de una persona de tal modo que lo malo es arrinconado. Es como el cielo”. “Nosotros miramos el cielo, tantas estrellas, tantas estrellas; pero cuando sale el sol, por la mañana, con tanta luz, las estrellas no se ven. Y así es la misericordia: una gran luz de amor, de ternura. Perdonando, con una caricia, acariciando nuestras heridas.

¿Qué acción realizas tú?

 

 

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Acerca de Patricia Mónica Canseco

Soy facilitadora de mastermind y me encanta poder ayudar a las personas a que saquen todo el potencial que llevan dentro obteniendo un cambio en su vida y logrando cada día ser más felices mejorando su calidad de vida.
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