VIVE LA NAVIDAD

images (19)Qué la navidad sea más que un árbol, regalos y comida.

La Navidad es lo que nosotros hacemos de ella.

Que a pesar de todas las distracciones, podamos asegurarnos de que Cristo sea el centro de nuestra celebración.

Podemos establecer tradiciones navideñas para nosotros y para nuestra familia que nos ayuden a captar y mantener el Espíritu de Cristo.

Seguir su ejemplo perfecto. Al esforzarnos por ser más como Él, tendremos alegría y felicidad en la vida y paz cada día del año.

Su ejemplo, al seguirlo, hace que dentro de nosotros sintamos más bondad y amor, más respeto y preocupación por los demás.

Podemos brindarnos una gran y maravillosa Navidad si recordamos los regalos que Dios nos ha dado y, de la mejor manera, los ofrecemos a los demás como Él lo haría.

Nos hemos formado una imagen mental de cómo debe ser todo: el árbol perfecto, las luces perfectas, los regalos perfectos y los acontecimientos familiares perfectos.

Pero tarde o temprano, ocurre algo desagradable… y la Navidad perfecta que habíamos imaginado, la magia que habíamos intentado crear, se hace añicos a nuestro alrededor.

Sin embargo, si estamos dispuestos a centrar el corazón y la mente en el espíritu de la Navidad, reconoceremos hechos maravillosos a nuestro alrededor.

La Navidad es, en esencia, algo mucho más sólido y perdurable que la infinidad de objetos insignificantes con que solemos adornarla.

Debemos ofrecerle nuestro amor.

Debemos entregarle nuestra disposición a tomar sobre nosotros Su nombre y caminar por el sendero de su enseñanza.

Debemos prometerle recordarlo siempre, intentar siempre dar su ejemplo y andar haciendo el bien.

Requiere que le brindemos como regalo nuestro mejor esfuerzo por movernos, paso a paso, caminando por las vías que Él ha preparado y enseñado.

Él nos promete estar con nosotros, venir cuando necesitemos consuelo, levantarnos cuando tropecemos, llevarnos en brazos si es necesario, llorar, reír, lamentar y regocijarse con nosotros.

Cada día nos ofrece tomarnos de la mano y ayudarnos a convertir una vida ordinaria en experiencias espirituales extraordinarias.

Tendremos muchas actividades, preparativos, compras y fiestas navideñas que nos dejarán posiblemente con algunos kilos de más y con dinero de menos.

¿Pero quién puede resistirse?

 Pero lo importante no es eso de la Navidad.

Sin Él no hay Navidad. Él llegó a nosotros en forma que pudiésemos reconocer. Fue un niño como cualquier otro que se raspaba las rodillas cuando se caía, al igual que nosotros.

Y aun así, él era tan diferente a nosotros. Él fue y es la palabra viviente de Dios, perfecto en todas las cosas.

Él sopló vida a nuestro propio ser. Él nos impuso el deseo de buscarlo y de conocerlo.

Esta Navidad, comprometámonos a buscarlo y conocerlo más a través de todo lo que hacemos cada día en nuestra vida. Él vino como un hombre ordinario, así que busquemos oportunidades ordinarias para radiar el espíritu de Navidad en nuestras actividades. Guardemos la verdad de la Navidad muy presente en nuestra mente, cuerpo y alma.

Nuestro corazón ha sido llenado por él, con muchos regalos maravillosos. Pero depende de nosotros preparar nuestro corazón por tomar lo que él nos ha dado y utilizarlo para su Gloria. Debemos extender nuestro corazón a él y decirle: “Aparte de lo que tú me has dado, yo no tengo nada de valor para ofrecerte. Así es que elevo mi corazón a ti”.

Al ofrecer mi corazón, voy a poder irradiar hacia aquellos alrededor de mí lo que él me ha dado.

En medio de todas nuestras muchas actividades, unirnos para preparar nuestros corazones como una ofrenda a Él esta Navidad.

Hay que ver cada día como una oportunidad de demostrar el espíritu de Navidad y dar amor en nuestras acciones, ya sea a nuestros hijos, pareja, compañeros de trabajo, o vecino.

Un corazón irradiando la verdadera Navidad, siempre es el regalo perfecto.

Esta Navidad, quiero que Jesús nazca en mi corazón de nuevo, pero para eso, necesito, igual que los pastores, darle un corazón sencillo, humilde y alegre.

Necesito también callar un poco todo el bullicio del mundo por unos días. Todo ese ruido que la tele, la radio, la prensa, el internet constantemente sacan al aire y me hablan de todo lo que no es importante. Creando necesidades en mí.

Hagamos algunas cosa para Jesús, chiquita, las grandes las hace Dios.

A nosotros, nos corresponden las más sencillas, como por ejemplo: Estar alegres y escuchar a los demás, visitar a algún familiar enfermo o que este viejito, hacerle una llamada a un amigo, llevar un dulce al trabajo, darle un beso a tu pareja, abrazar a tus hijos y leerles algo sobre el nacimiento de Jesús.

Hacer la corona de adviento en tu hogar e ir encendiéndola cada domingo hasta llegar a Nochebuena.

Preparar una comida rica y compartirla…son tantas las cosas que podemos hacer y a medida que la hacemos, la ofrecemos a Jesús, así nuestro corazón se va preparando y limpiando.

Toquemos la humildad de Dios, el corazón de Dios.

Entonces su alegría nos alcanzará y hará más luminoso el mundo.

¡Feliz navidad! ¡Qué logres brindar mucho a los demás!

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Acerca de Patricia Mónica Canseco

Soy facilitadora de mastermind y me encanta poder ayudar a las personas a que saquen todo el potencial que llevan dentro obteniendo un cambio en su vida y logrando cada día ser más felices mejorando su calidad de vida.
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