DESPERTAR DE LAS QUEJAS

images (2)Hay que despertar y descubrir que el ego tiene el hábito compulsivo de hallar fallas en los demás y de quejarse de ellos.

Cuando criticamos o condenamos al otro, nuestro ego se siente más grande y superior que los demás. Esto desencadena a la violencia física entre los individuos y la guerra y separaciones en el ámbito laboral, familiar y social.

No se deben confundir las quejas con el hecho de hacer ver a una persona una deficiencia o un error, a fin de que pueda corregirlo.

Abstenerse de quejarse no significa necesariamente tolerar la mala conducta.

No es cuestión de ego decirle a un compañero de trabajo como se realiza una tarea. Los hechos son neutros.

Renegar es decir “Cómo haces así esta tarea“.

Aquí hay un “yo” al cual le encanta sentirse personalmente ofendido por la forma que realiza la tarea y que disfruta cuando encuentra la falta en el otro. Las quejas a las cuales nos referimos están al servicio del ego, no del cambio.

Algunas veces es obvio que el ego realmente no desee cambiar a fin de poder continuar quejándose.

No hay nada que fortalezca más al ego que tener la razón.

Cuando nos quejamos, encontramos faltas en los demás y reaccionamos. El ego se fortalece y se siente superior.

Quizás no sea fácil reconocer que nos sentimos superiores cuando nos quejamos, la razón es que cuando nos quejamos es que tenemos la razón mientras que la persona de la que nos quejamos (o la situación), está en el error.

Claro está que para tener la razón es necesario que alguien más esté en el error, de tal manera que al ego le encanta fabricar errores para tener razón.

Tener la razón es identificarse con una posición mental, un punto de vista, una opinión, un juicio o una historia.

Necesitamos que otros estén equivocados a fin de sentirnos más fuertes y superiores.

Esta sensación de superioridad es la que el ego ansía y la que le sirve para engrandecerse.

Si simplemente afirmamos lo que conocemos como verdad, sin identificación con la mente, entonces no hay ego.

Sí hay identificación con el “Yo” (el ego, la mente). La frase se ha personalizado, ahora es subjetiva en lugar de ser objetiva.

El ego se toma todo a pecho y hace que se desaten las emociones, se pone a la defensiva y hasta puede haber agresiones.

¿Estamos defendiendo la verdad?

No, porque la verdad no necesita defensa. Ni a la luz ni al sonido les interesa lo que nosotros u otras personas piensen. Nos defendemos a nosotros mismos o, más bien, defendemos nuestro ego.

El resentimiento es la emoción que acompaña a las lamentaciones y a los rótulos mentales, y refuerza todavía más el ego.

El resentimiento equivale a sentir amargura, indignación, agravio u ofensa.

Resentimos la codicia de la gente, su deshonestidad, su falta de integridad, lo que hace, lo que hizo en el pasado, lo que dijo, lo que no hizo, lo que debió o no hacer. Al ego le encanta.

En lugar de pasar por alto la inconsciencia de los demás, la incorporamos en su identidad.

Lo hace nuestra inconsciencia, nuestro ego.

Algunas veces, la “falta” que percibimos en otra persona, ni siquiera existe. Es una interpretación equivocada, una proyección de una mente condicionada para ver enemigos en los demás y elevarse por encima de ellos.

No reaccionar al ego de los demás, es una de las formas más eficaces de trascender el ego propio y también de disolver el ego colectivo de los demás.

Pero solamente podemos estar en un estado donde no hay reacción, si podemos reconocer que el comportamiento del otro viene del ego.

Al no reaccionar frente al ego, logramos hacer aflorar la cordura en los demás. La mayor protección es permanecer conscientes.

No reaccionar no es señal de debilidad sino de fortaleza.

Otra forma de expresar la ausencia de reacción es el perdón.

Pero no te esfuerces por perdonar. El esfuerzo de perdonar y de soltar no sirve.

El perdón se produce naturalmente cuando ves que el rencor no tiene otro propósito que reforzar el ego.

Cuando comprendes que el rencor solo sirve para reforzar el ego, es cuando espontáneamente se produce el perdón, porque comprendes que no hay nada que perdonar.

El peor enemigo del ego es el momento presente.

La verdadera liberación es tomar conciencia de las emociones que refuerzan al ego, es entonces cuando puedes liberarte. (Las observas, en el momento presente, y éstas se disuelven).

Los patrones de ego de los demás, contra los cuales reaccionamos con mayor intensidad  y los cuales confundimos con su identidad,  tienden a ser los mismos patrones nuestros,  pero que somos incapaces de detectar o develar en nosotros.

Es mucho lo que podemos aprender de nuestros enemigos.

¿Qué es lo que hay en ellos que más nos molesta y nos enoja? ¿Su egoísmo? ¿Su codicia? ¿Su necesidad de tener el poder y el control? ¿Su deshonestidad, su propensión a la violencia, o cualquier otra cosa?

Todo aquello que resentimos y rechazamos en otra persona, está también en nosotros.

Pero no es más que ego, no tiene nada que ver con lo que somos ni con la otra persona.

Trata de atrapar a la voz de tu mente en el momento mismo en que te quejas de algo, y reconócela por lo que es: la voz del ego, nada más que un patrón mental condicionado, un pensamiento.

Cada vez que tomes nota de esa voz, también te darás cuenta de que tú no eres la voz sino el ser que toma conciencia de ella.

Tú eres la conciencia consciente de la voz.

Es así como te liberas del ego.

Cada vez que reconoces al ego, éste se debilita y tú te haces más consciente.

El ego no es malo, sencillamente es inconsciente.

Cuando observamos el ego, comenzamos a trascenderlo.

La lucha contra la inconsciencia puede llevar a la inconsciencia misma.

Jamás será posible vencer la inconsciencia, el ego, mediante el ataque.

Hay que tener cuidado de no asumir una especie de misión para “erradicar el mal”, pues podría convertirse precisamente en el “mal” mismo.

Todo aquello contra lo cual luchamos se fortalece, y aquello contra lo cual nos resistimos, persiste.

Toda “guerra contra” esto o aquello, está condenada al fracaso.

Debemos reconocer al ego por lo que es: una disfunción colectiva, la demencia de la mente humana.

Cuando logramos reconocerlo por lo que es, ya no lo vemos como la identidad de la otra persona.

Una vez que reconocemos al ego por lo que es, mucho más fácil NO reaccionar contra él. Dejamos de tomar sus ataques como algo personal y comenzamos a sentir compasión cuando reconocemos que todos sufrimos de la misma enfermedad de la mente, la cual es más grave en unas personas que en otras.

El ser humano tiende a creer que el “Yo” (el ego) es la realidad, pero tan solo es una ilusión de la realidad.

Cuando logramos reconocer la ilusión por lo que es, ésta se desvanece.

Cuando vemos lo que no somos, la realidad de lo que somos emerge espontáneamente.

¿Te seguirás quejando?

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Acerca de Patricia Mónica Canseco

Soy facilitadora de mastermind y me encanta poder ayudar a las personas a que saquen todo el potencial que llevan dentro obteniendo un cambio en su vida y logrando cada día ser más felices mejorando su calidad de vida.
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